El movimiento ciudadano es en buena medida producto del empeño de miles de trabajadores y trabajadoras que llegaron a las periferias de las grandes ciudades en busca de unas condiciones de vida y de trabajo dignas.
Lo que encontraron en primer término fueron dificultades materiales, sociales, políticas… pero también la solidaridad entre iguales y la determinación que darían como resultado la conquista de su lugar en unas ciudades para cuyo desarrollo se habían convertido en actores clave.
Desde entonces, la lucha contra la discriminación y sus causas, así como el trabajo por la creación de condiciones que favorezcan la integración de todos los colectivos ha sido una de las banderas de las asociaciones vecinales.
Desde la pelea contra el tráfico de heroína en nuestro barrios, hasta la reivindicación de Centros de Atención al Drogodependiente, pasando por la oposición frontal a las posiciones racistas o clasistas que en ocasiones han hecho aparición en nuestros barrios.
Hoy, en un tiempo en el que nuestras ciudades y barrios siguen siendo puerto de llegada de quienes vienen de tierras lejanas en busca de una vida digna, el movimiento vecinal interviene como elemento de acogida e integración de los nuevos vecinos y vecinas.
Hace suyas las reivindicaciones de sus derechos ciudadanos (como el derecho al voto) y se opone a las legislaciones y prácticas discriminatorias, como la existencia de los Centros de Internamiento para extranjeros.
Las AA VV de la capital han asumido un dispositivo dirigido a trabajar en positivo desde el día a día de nuestros barrios: el Servicio de Dinamización Vecinal, que arranca en julio de 2004, fruto de un convenio entre la FRAVM y el Ayuntamiento de Madrid.
En 2009 el equipo está plenamente consolidado y cuenta con 20 dinamizadores vecinales que están presentes en el mismo número de barrios de la capital, realizando un importante trabajo que también se lleva a cabo en otras localidades de la región con fuerte presencia de migrantes como Fuenlabrada o Coslada.
Tras más de 40 años de prohibiciones, a finales de la década de los 70 las AA VV recuperan “las fiestas de barrio” que, como punto de encuentro del vecindario y de visibilidad pública del movimiento vecinal, jugarán un papel fundamental en la construcción de la identidad barrial y en la actividad de las propias asociaciones.
Estos festejos nacen con un carácter eminentemente popular y son el entusiasmo, la imaginación y el trabajo voluntario los ingredientes de la poción mágica que permite superar la falta de recursos y la indiferencia cuando no la oposición gubernamentales.
Con los años, las fiestas conquistan su propio espacio y se institucionalizan en la mayor parte de los casos, pasando a ser los festejos ordinarios del distrito o pueblo, ganando en recursos y en entidad, en detrimento de la participación y el protagonismo del movimiento vecinal.
Es por ello que en no pocos casos siguen siendo motivo de controversia y la charanga, la panceta y la cerveza, mantienen vivo el aroma de la rebeldía y la participación ciudadanas.
Las AA VV han desarrollado a lo largo de su historia una importante actividad lúdica, cultural y deportiva, base sobre la que se han fundamentado la mayoría de las reivindicaciones de equipamientos y recursos deportivos.
Los torneos y liguillas de fútbol-base, los campeonatos de baloncesto, las carreras populares de atletismo, ciclismo, etc. y las asociaciones deportivas que se crean en torno a estos eventos han jugado y juegan un importante papel en la construcción de referentes comunitarios que mantienen unido y activo al vecindario más allá de los problemas puntuales.
La actividad deportiva del movimiento vecinal de distritos como Carabanchel, Ciudad Lineal, Usera, Hortaleza o San Blas anticipa también la de algunas instalaciones deportivas y la posibilidad de avanzar, mas allá de la reivindicación, hacia la autogestión de equipamientos y recursos públicos.
En los noventa y 2000, frente a las políticas privatizadores de este tipo de elementos, las AA VV demandan un uso, gestión y propiedad cien por cien públicos.